Sobre el programa de posgrado en Patrimonio Cultural Sumergido de la Universidad de Externado

El Observatorio del Patrimonio Cultural Subacuático Común y Compartido da la bienvenida al nuevo curso de posgrado en Patrimonio Cultural Sumergido puesto en marcha por la Universidad Externado de Colombia, desde la convicción de que son las universidades y las instituciones científicos quienes deben dar un paso adelante para estudiar y proteger los yacimientos de un registro arqueológico en riesgo de destrucción por haber sido el objetivo de la industria internacional de cazatesoros. Esa protección de este amplio patrimonio está necesitada de un numeroso grupo de investigadores que amplíen el conocimiento sobre la relación del hombre con la mar a partir del estudio de la cultura material de los accidentes navales. Por eso hay que celebrar este tipo de iniciativas.

El mundo académico colombiano ha demostrado específicamente, durante los últimos años, una preocupación creciente ante la puesta en marcha de proyectos en los que la misión científica de los arqueólogos fue relegada de forma vicaria a los aspectos financieros y tecnológicos puestos en juego. Numerosos debates y publicaciones, manifiestos y cartas de asociaciones han dado cuenta de esta preocupación, que es la misma que impulsó el nacimiento de nuestro Observatorio.

Por ello, y sin dejar de alegrarnos por la iniciativa, debemos señalar nuestra enorme preocupación por el hecho de que Externado ha ignorado los estándares internacionales que representan las normas del Anexo de la Convención Unesco 2001 para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, referencia científica incluso de aquellos países que no son firmantes de dicha Convención.

Al mismo tiempo, es mucho más grave el hecho de que en el programa se afirma que «está orientado a que el estudiante consolide una base teórica y desarrolle las competencias que le permitan diseñar, dirigir, participar o ejecutar las diferentes actividades que pueden desarrollarse sobre el PCS: exploración, intervención, aprovechamiento económico o preservación (Ley 1675 de 2013, Capítulo II)». Es decir, que además de aprender a diseñar una campaña arqueológica los futuros alumnos también serán instruidos en el aprovechamiento económico del patrimonio cultural.

Por un lado, la mención a una ley que permite comercializar con los objetos arqueológicos resta posibilidades de homologación internacional a una iniciativa tan necesaria e importante, puesto que las hipotéticas instituciones científicas asociadas se convertirían en cómplices del destino de los objetos utilizados para financiar los proyectos.

Por otro lado, debemos señalar que esa formación sobre el aprovechamiento económico y preservación reflejados en el Capítulo II de la ley 1675/2013 es posterior a la división de los objetos del yacimiento y posterior, por tanto, a la discriminación entre los que formarán parte del patrimonio cultural de la nación, asociado al pecio, y los demás objetos, que pueden ver alienada y prescrita su naturaleza cultural y embargado su valor de mercado, en contra de la legislación internacionalmente aceptada y de lo que dice la propia Constitución colombiana. Por tanto, el programa de posgrado de Externado, si bien no gravita directamente sobre la comercialización de los bienes que todo científico tiene la obligación de proteger, la da por cumplida y correcta, institucionalizando, desde la Universidad, la venta del patrimonio cultural como una forma de financiamiento de proyectos arqueológicos. Esta venta, como consecuencia, rompe la unidad del yacimiento, que es condición sine quae non para el estudio integral de los restos de este patrimonio común y compartido, tan frágil como asediado por la presión de las grandes compañías de explotación de pecios.

El Observatorio exhorta a Externado a que corrija este rumbo que aleja a esta digna universidad del camino internacionalmente aceptado para los estudios de arqueología y desea que esta iniciativa redunde en el crecimiento científico de nuestro hemisferio, así como en los vínculos entre instituciones científicas para poner en marcha proyectos de cooperación internacional de acuerdo con los máximos estándares científicos aceptados por todos.